El Partido Popular, la derecha tradicional española, aunque ganó las elecciones locales en Andalucía, perdió la mayoría absoluta que comandaba y ahora necesita de Vox, la ultraderecha, para gobernar.
Ese no era el plan. El PP quería lo opuesto, una victoria clara que les permitiera evitar «el lío», en palabras del candidato derechista, de tener que pactar con los ultras. En el contexto más amplio, el próximo año hay elecciones generales en España y el PP se esperaba un camino más fácil para su líder Alberto Núñez Feijóo, ahora van cuesta arriba con una posición más débil. El Mundo titula: «Victoria incómoda de Moreno pese a la debacle histórica del PSOE»
También queda en entredicho la estrategia moderada dentro del PP. El candidato de la derecha tradicional, Juan Manuel Moreno, es considerado el «barón más centrista del PP, el que no deja de repetir las palabras ‘moderación’ y ‘serenidad’», según lo cuenta El País, pero ahora «está por ver qué está dispuesto a entregar ahora y hasta qué punto es compatible con su rol de referente del ala moderada del partido de Alberto Núñez Feijóo. Vox ya ha advertido que quiere imponer la ‘prioridad nacional’».
«Vox ha demostrado que forzará y negociará hasta el final» escribe ABC, «A Moreno le exprimirán» y el diario español hace notar que «en Vox le han atacado duramente por sus posiciones moderadas y rechazar los postulados de su rival en la derecha». El Periódico nota que «Vox crece de forma muy contenida y la apuesta por la prioridad nacional, agitando el miedo a la inmigración, les ha funcionado para trasvasar votos a la extrema derecha».

En el lado de la izquierda la situación no es la mejor. El PSOE, la izquierda que gobierna España, sigue acumulando derrotas consecutivas, la cuarta para los que están llevando la cuenta. Es el peor resultado histórico del PSOE, por debajo del malísimo resultado que habían obtenido en las elecciones andaluces pasadas. «Los tiempos en que el PSOE dominaba la política andaluza no son historia, políticamente son prehistoria», en palabras de Ángel Munárriz. El Periódico relata que «Ni la importante participación de Sánchez en la campaña, ni el desembarco de ministros, ni la campaña monocorde de Montero, que basó toda su estrategia en plantear los comicios como un referéndum por la sanidad pública, consiguieron movilizar a los progresistas para votar al PSOE, como pretendieron hacer durante la campaña».
El punto brillante para la izquierda es el crecimiento de nacionalismo aglutinados en Adelante Andalucía, pasaron de 2 a 8 escaños con el casi 10% de los votos. Sin embargo, la coalición Por Andalucía, que reúne a los partidos a la izquierda del PSOE, quedó muy débil. Paula Chouza lo resume así: «Ninguno de los objetivos marcados en la candidatura que encabeza Antonio Maíllo se cumple: ni aumenta representación, ni lidera el bloque a la izquierda de los socialistas, ni consigue acabar con un ejecutivo de derechas».

Las divisiones y peleas en la izquierda pasan factura, para ABC «juntos o por separado, da igual, el resultado es el mismo: el fusilamiento político cuando no la muerte». Para El Mundo, «El éxito de Adelante supone la irrupción de un nuevo actor en la izquierda alternativa al PSOE. Este espacio está atomizado como nunca antes y esto constata que no hay ningún partido como tal que ejerza un liderazgo nacional ni que acumule autoridad moral. Como sí lo tuvo Podemos en 2015 o Sumar en 2023». La Vanguardia hace notar que «de haber concurrido juntas, ambas formaciones serían tercera fuerza rozando los 20 diputados».



